Cuando se habla de profesiones de riesgo, en general se piensa en trabajos que se realicen en alturas elevadas, en situaciones de emergencias (incendios, derrumbes, robos, balaceras). Sin embargo, en los últimos meses, en la ciudad de Santa Fe podría sumarse una tarea más a esa lista: la de los inspectores de tránsito.

Hace cinco días, dos de estos trabajadores sufrieron agresiones por parte de los conductores inspeccionados. Anteayer, un camión arremetió contra uno de ellos y atropelló su moto. Sólo por azar, el empleado municipal salió ileso de la situación.
En los últimos dos años, hubo numerosos episodios de violencia contra los inspectores. Algunos incluso sufrieron lesiones graves, como producto de los ataques.
La multiplicación de puestos de control en las calles en los últimos meses sirvió para concientizar a muchos ciudadanos, pero otros –conscientes a veces, y bajo los efectos del alcohol, en algunas oportunidades– reaccionaron en forma negativa y violenta.
Lo llamativo es que en numerosos casos son adultos, jefes y jefas de familia, los que se niegan a colaborar con el control o entregar la documentación requerida. Y también son padres los que, en repetidas situaciones, se acercan al control con una actitud agresiva cuando sus hijos son detenidos en una inspección y se les debe retener el vehículo por un incumplimiento.